Hoy es uno de esos días en los que me siento feliz por participar en la primera línea de un acontecimiento. Durante los últimos cinco años he estado muy cerca de Diego y de Isaac. El Señor les ha puesto en mi camino y la Iglesia me les ha confiado para que colabore activamente en su formación sacerdotal… Y cuando ha llegado el día en el que comienza su sacerdocio, al terminar la preciosa celebración en la que han sido ordenados por nuestro Obispo…, considero que todos los trabajos y desvelos de estos años han merecido la pena. Cuando esta mañana entraba en la Catedral de Palencia y hacía mi visita al Santísimo Sacramento le he dicho al Señor: “De aquí salieron, y Tú me los confiaste… A ti te los devuelvo para que, como es tu deseo, se los regales a la Iglesia como pastores del rebaño, configurados contigo, Cabeza y Pastor de la Iglesia”.
Desde las 10,30 de la mañana, la Catedral era ya un hervidero con el ir y venir de fieles que mostraban la sonrisa de los domingos… Hoy, el primer templo palentino lucía como en sus mejores jornadas. Un día limpio, soleado y fresco lo envolvía todo, como si también la climatología quisiera participar de la fiesta eclesial. Los misacantanos llegaron con el tiempo suficiente… Y lo hicieron de punta en blanco. Con sus sotanas relucientes y sus zapatos “niquelados”. Don Esteban Escudero fue recibido por el Cabildo en la puerta del Obispo y tras besar el lignum crucis y tomar el agua bendita se dirigió a los pies del Sagrario y después a la sacristía. Como ven por mi somera descripción, a las 10,55 h. ya estaba “en suerte” la asamblea litúrgica para que el Espíritu Santo realizara una de sus maravillosas “faenas”.
A las 11 de la mañana comenzó la procesión de entrada mientras el coro entonaba el Pueblo de Reyes. Los monaguillos de la Catedral, de cuyo seno han salido los dos ordenados, estaban hoy especialmente emocionados. Cada vez que Dios ha llamado al sacerdocio a alguno de ellos, todos lo han vivido como una muestra de predilección de la Providencia divina. Los sacerdotes concelebrantes eran más de 60. Y el Obispo avanzaba con mitra y báculo hacia el altar de sacrificio, ubicado para la ocasión en el templete que se habilita en las grandes solemnidades… Y comenzó la santa Misa con una mezcla de profunda alegría y de recogimiento sobrecogedor en todos los corazones. Al menos en el mío.
Después de la proclamación de las lecturas y del evangelio me ha cabido en suerte la tarea de presentar a Isaac y Diego pidiendo al Sr. Obispo que ordenara “presbíteros a estos hermanos nuestros”. Don Esteban les eligió para este ministerio con las palabras rituales y comenzó su hermosa homilía en la que fue glosando los compromisos que los sacerdotes hacen el día de su ordenación. Los fue describiendo uno tras otro y pidió encarecidamente a los dos nuevos sacerdotes que todos los años, en el aniversario de su ordenación, los recuerden para vivirlos siempre con fidelidad y alegría. Pueden escuchar íntegra la homilía en el siguiente enlace:
Terminada la homilía todo se desarrolló con la fluidez litúrgica con la que se hacen las cosas en la Catedral, gracias al buen hacer de los maestros de ceremonias D. Ricardo y D. David. En primer lugar se estableció el diálogo en el que los candidatos se comprometen ante el Sr. Obispo a guardar con primor los compromisos propios del sagrado ministerio. Después nos vimos rodeados por la Iglesia celeste en el canto de las letanía que interpretó con unción la M. María Victoria, Auxiliar Parroquial. A continuación vino la imposición de manos, primero del Sr. Obispo y después de todos los sacerdotes presentes. Acto seguido Don Esteban pronunció con voz clara y solemne la oración consecratoria… Y ordenados ya sacerdotes se vistieron por primera vez con la casulla de los presbíteros. El Obispo les ungió con el santo Crisma, les entregó el pan y el vino para la Misa, y les dio el beso de la paz para culminar la ordenación.
Concluido el rito de la ordenación, Diego e Isaac concelebraron por primera vez la santa Misa. Yo les vi felices, aunque nerviosos. No es para menos. Realizaron muy bien los ritos propios de los concelebrantes pues lo tenían bien ensayado… Y dijeron por vez primera lo que esperamos que repitan cada uno de los días de sus vidas: “Tomad y comed todos de él…”. Yo tenía en mi corazón una extraña sensación que me hacía sonreír: los que hasta ahora han sido mis “hijos”, ahora son ya mis “hermanos”. ¡Qué alegría!
Ver la galería de fotos realizadas por Txomin Pérez
Raúl M. J.

Filed Under :
jun.30,2012
Tags :









