Ya en otras ocasiones hemos publicado algún artículo sobre este tema en nuestro blog. Pero no está mal recordarlo, ya que es un medio que hace mucho bien y que la Iglesia pone al alcance de nuestra mano. Y con “nuestra” mano no me refiero sólo a la de los seminaristas, sino a la de todos los cristianos que deseen vivir una plena vida de intimidad con Dios. Este sencillo artículo quiere ser un pequeño “empujón” para comenzar este año buscando esa ayuda que todos necesitamos, o para perseverar en este camino. Además, espero que a los seminaristas nos anime en nuestra preparación para un día también ejercer este precioso ministerio de consejo, discernimiento y acompañamiento.
La Congregación para el Clero publicó, hace casi un año, un documento titulado “El sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina”. En el n. 66 dice: “donde existe dicha práctica, existe renovación personal y comunitaria, vocaciones, espíritu apostólico, alegría de la esperanza”. Podemos afirmar, por lo tanto, que donde no hay… al menos será difícil que broten dichos frutos. Y creo yo que en nuestra querida España (y, en concreto, en Palencia), donde hay tanta falta de vocaciones, debemos ser especialmente generosos en este aspecto.
Es necesario que desde el seminario tengamos una muy buena formación en el ámbito de la vida espiritual. Muchos documentos del Magisterio insisten en ello. Desde el Concilio Vaticano II: “los alumnos se han de preparar por una formación religiosa peculiar, sobre todo por una dirección espiritual conveniente, para seguir a Cristo Redentor con generosidad de alma y pureza de corazón” (OT 3); el Código de Derecho Canónico: “en todo seminario ha de haber por lo menos un director espiritual” (c. 239 §2). También el Plan de Formación de los Seminarios Mayores: “El acompañamiento y la orientación espiritual individualizada es otro de los servicios imprescindibles que ha de prestar el Seminario al futuro presbítero” (n. 85).
Y es que “la dirección espiritual del propio sacerdote —tan claramente recomendada por la Iglesia— depende en gran medida de que desde seminarista haya vivido con seriedad la dirección espiritual durante los años de formación. Así, además, se capacitará experimentalmente para ejercer mañana la función de dirección espiritual, que va aneja a la condición de pastor del Pueblo de Dios. Cuiden, pues, los formadores de que cada seminarista tenga su Director Espiritual, desde el ingreso en el Seminario” (n. 257).
En cuanto al objetivo fundamental de la dirección espiritual se puede definir en una frase: “ayudar a discernir los signos de la voluntad de Dios”. Los expertos en teología espiritual describen al director espiritual como el que instruye en casos y aplicaciones concretas, da los motivos para donarse con generosidad y ayuda proponiendo medios de santificación adecuados a cada persona y situación, según las diversas vocaciones. Por estas razones, la dirección espiritual no puede tratarse de un privilegio reservado a unos pocos. Dios tiene para cada persona un plan, que cada uno debe buscar movido por las luces y mociones del Espíritu Santo y poner todas sus capacidades para llevarlo a término. Entre estas capacidades está la de pedir ayuda.
Querido lector: ¡mucho ánimo! y que no te dé vergüenza pedir consejo espiritual a tu sacerdote de confianza. Está en juego la voluntad de Dios, es decir, tu felicidad.
Isaac J. G.

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ene.18,2012
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