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El pasado domingo 7 de octubre, el Santo Padre presidió en la Plaza de San Pedro la solemne Misa de apertura del Sínodo de Obispos para la Nueva Evangelización. El Papa anunció ya la convocatoria de este Sínodo Extraordinario en la carta Porta Fidei, documento en el que anunciaba a toda la Iglesia la apertura del Año de la Fe para el 11 de octubre de 2012.

Al comienzo de la celebración eucarística, Benedicto XVI proclamó doctores de la Iglesia al sacerdote español San Juan de Ávila y a la monja alemana Santa Hildegarda de Bingen. Entre la emoción y la alegría de los miles de peregrinos el Papa declaró: “Nosotros, acogiendo el deseo de muchos Hemanos en el episcopado y de tantos fieles en el mundo entero, despúes de haber recibido el parecer de la Congregación de las Causas de los Santos, y de haber reflexionado durante mucho tiempo y haber alcanzado el pleno y seguro convencimiento, con la plena autoridad apostólica, declaramos a San Juan De Ávila, sacerdote diocesano y Santa Hildegada de Bingen, monja de la Orden de San Benito, doctores de la Iglesia Universal. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Concelebraron con el Santo Padre todos los obispos que van a participar en el Sínodo y también un numeroso grupo de obispos españoles, entre los que se encontraba Don Esteban Escudero, que acudieron para agradecer al Pontífice el doctorado del patrono del clero secular español.

El Papa pronunció una bonita homilía en la que ha explicado el significado de “Nueva Evangelización”, relacionándola con la misión ‘ad gentes’ de la Iglesia y con la evangelización ordinaria. Si deseas leer detenidamente las palabras de Benedicto XVI, puedes descargar el documento haciendo clic aquí.

Al finalizar la Santa Misa, el Santo Padre dirigió la oración del ángelus. En la alocución que dirigió a los presentes con motivo de esta plegaria mariana, recomendó a todos rezar por los trabajos de los Padres Sinodales, recordó a los dos nuevos doctores de la Iglesia y animó a los presentes a valorizar la oración del Rosario para el Año de la Fe: “Con el Rosario, nos dejamos guiar de María, modelo de fe, en la meditación de los misterios de Cristo”.

Esta semana no me voy a andar con excusas: se nos ha pasado colgar en nuestro blog la Audiencia general del Papa del pasado miércoles y el Angelus del domingo… Eso sí, más vale tarde que nunca, ¿no?

El día 7, Benedicto XVI continuó su serie de catequesis sobre la oración de Jesús. En esta ocasión explicó Mt 11,25-30, y su paralelo Lc 10,21-22.

Se trata de un himno en el que Jesús:

-habla con Dios, invocándolo con el nombre de Padre, Abbá (“que también nosotros, con el don de su Espíritu, podamos dirigirnos a Dios en la oración, con confianza de hijos”);

-y le alaba por quererse revelar a los pequeños, a los sencillos (“es la pureza del corazón la que permite reconocer el rostro de Dios en Jesucristo; y tener el corazón sencillo como el de los niños, sin la presunción de quien se cierra en sí mismo, pensando que no necesita a nadie, ni siquiera a Dios”).

 

Por cierto, en esta Audiencia estuvieron los niños de la Escolanía de la Catedral de Palencia. Os dejamos el video para que veáis lo bien que cantaron en presencia del Papa:

 

Y en el Domingo “Gaudete” (3º de Adviento), el Santo Padre centró sus palabras con motivo del Angelus en la gozosa espera que debe caracterizar el Adviento: “la verdadera alegría no es fruto del divertirse, entendido en el sentido etimológico de la palabra di-vertere, es decir desentenderse de los empeños de la vida y de sus responsabilidades. La verdadera alegría está vinculada a algo más profundo… la alegría verdadera está ligada a la relación con Dios”.

 

Aquí lo dejamos por ahora. Pero mañana más…

A las 12 del mediodía de ayer domingo 4 de diciembre, el Santo Padre Benedicto XVI dirigió la oración del Ángelus desde la ventana de su estudio a los numerosos fieles congregados en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Antes de la oración, el Papa ofreció a los presentes un breve comentario de las lecturas del II domingo de adviento. Como es costumbre en neustro blog, os ofrecemos esta alocución del Pontífice:

¡Queridos hermanos y hermanas!

El domingo de hoy marca la segunda etapa del Tiempo de Adviento. Este periodo del año litúrgico pone de relieve a las dos figuras que han tenido un papel preeminente en la preparación de la venida histórica del Señor Jesús: la Virgen María y san Juan Bautista. Justo sobre este último se concentra el texto de hoy del Evangelio de Marcos. Describe la personalidad y la misión del Precursor de Cristo (cfr Mc 1,2-8). Empezando por el aspecto exterior, Juan es presentado como una figura muy ascética: vestido de piel de camello, se nutre de langostas y miel silvestre, que encuentra en el desierto de Judea (cfr Mc 1,6). Jesús mismo, una vez, lo contrapone a aquellos que “están en los palacios del rey” y que “visten con lujo” (Mt 11,8). El estilo de Juan Bautista debería llamar a todos los cristianos a optar por la sobriedad como estilo de vida, especialmente en preparación de la fiesta de Navidad, en la que el Señor –como diría san Pablo– “de rico que era, se hizo pobre por vosotros, para que vosotros os hicierais ricos por medio de su pobreza” (2 Cor 8,9).

Por lo que se refiere a la misión de Juan, fue un llamamiento extraordinario a la conversión: su bautismo “está vinculado a un llamamiento ardiente a una nueva forma de pensar y actuar, está vinculado sobre todo al anuncio del juicio de Dios” (Jesús de Nazaret, I, Madrid 2007, p. 36) y de la inminente aparición del Mesías, definido como “aquél que es más fuerte que yo” y que “bautizará en Espíritu Santo” (Mc 1,7.8). La llamada de Juan va por tanto más allá y más en profundidad respecto a la sobriedad del estilo de vida: llama a un cambio interior, a partir del reconocimiento y de la confesión del propio pecado. Mientras nos preparamos a la Navidad, es importante que entremos en nosotros mismos y hagamos un examen sincero de nuestra vida. Dejémonos iluminar por un rayo de la luz que proviene de Belén, la luz de Aquél que es “el más Grande” y se ha hecho pequeño, “el más Fuerte” y se ha hecho débil.

Los cuatro evangelistas describen la predicación de Juan Bautista refiriéndose a un pasaje del profeta Isaías: “Una voz grita: «En el desierto preparad el camino al Señor, allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios»” (Is 40,3). Marcos inserta también una cita de otro profeta, Malaquías, que dice: “Mira, envío mi mensajero delante de tí, el que ha de preparar tu camino” (Mc 1,2; cfr Mal 3,1). Estas alusiones a las Escrituras del Antiguo Testamento “hablan de la intervención salvadora de Dios, que sale de lo inescrutable para juzgar y salvar; a É hay que abrirle la puerta, prepararle el camino” (Jesús de Nazaret, I, p. 37).

A la materna intercesión de María, Virgen de la espera, confiamos nuestro camino al encuentro del Señor que viene, mientras proseguimos nuestro itinerario de Adviento para preparar en nuestro corazón y en nuestra vida la venida del Emmanuel, el Dios-con-nosotros.

[Traducción del italiano de Nieves San Martín
© Librería Editorial Vaticana]

El pasado domingo, el Santo Padre, saludó desde la ventana de su estudio a los miles de peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro. Antes de rezar el ángelus, Benedicto XVI les dirigió las siguientes palabras:

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy iniciamos en toda la Iglesia el nuevo Año litúrgico: un nuevo camino de fe, a vivir juntos en las comunidades cristianas, pero también, como siempre, a recorrer dentro de la historia del mundo, para abrirla al misterio de Dios, a la salvación que viene de su amor. El Año litúrgico empieza con el Tiempo de Adviento: tiempo estupendo en el que se despierta en los corazones la espera de la vuelta de Cristo y la memoria de su primera venida, cuando se despojó de su gloria divina para asumir nuestra carne mortal.

“¡Velad!”. Este es el llamamiento de Jesús en el Evangelio de hoy. Lo dirige no sólo a sus discípulos, sino a todos: “¡Velad!” (Mt 13,37). Es una llamada saludable a recordar que la vida no tiene sólo la dimensión terrena, sino que es proyectada hacia un “más allá”, como una plantita que germina de la tierra y se abre hacia el cielo. Una plantita pensante, el hombre, dotada de libertad y responsabilidad,por lo que cada uno de nosotros será llamado a rendir cuentas de cómo ha vivido, de cómo ha usado las propias capacidades: si las ha conservado para sí o las ha hecho fructificar también para el bien de los hermanos.

También Isaías, el profeta del Adviento, nos hace reflexionar hoy con una sentida oración, dirigida a Dios en nombre del pueblo. Reconoce las faltas de su gente, y en un cierto momento dice: “Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a tí; porque tu nos escondías tu rostro y nos entregabas a nuestras maldades” (Is 64,6). ¿Cómo no quedar impresionados por esta descripción? Parece reflejar ciertos panoramas del mundo postmoderno: las ciudades donde la vida se hace anónima y horizontal, donde Dios parece ausente y el hombre el único amo, como si fuera él el artífice y el director de todo: construcciones, trabajo, economía, transportes, ciencias, técnica, todo parece depender sólo del hombre. Y a veces, en este mundo que parece casi perfecto, suceden cosas chocantes, o en la naturaleza, o en la sociedad, por las que pensamos que Dios pareciera haberse retirado, que nos hubiera, por así decir, abandonado a nosotros mismos.

En realidad, el verdadero “dueño” del mundo no es el hombre, sino Dios. El Evangelio dice: “Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de la casa, si al atardecer o a media noche, al canto del gallo o al amanecer. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos” (Mc 13,35-36). El Tiempo de Adviento viene cada año a recordarnos esto para que nuestra vida reencuentre su justa orientación hacia el rostro de Dios. El rostro no de un “amo”, sino de un Padre y de un Amigo. Con la Virgen María, que nos guía en el camino del Adviento, hagamos nuestras las palabras del profeta. “Señor, tu eres nuestro padre; nosotros somos de arcilla y tu el que nos plasma, todos nosotros somos obra de tus manos” (Is 64,7). [Traducción del original italiano por Nieves San Martín, de www.zenit.org].

El Papa envió también un mensaje a los 200 países que participan en la Cumbre de Durban sobre el cambio climático y les pidió decisiones responsables para salvar el planeta.

 

Con ocasión de la firma y publicación de la Exhortación Apostólica Post-Sinodal de la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos

Un viaje apostólico no es un viaje de vacaciones, como podrían pensar muchos, ni tampoco es iniciativa propia del Papa, sino que emana de la realidad misionera de la Iglesia. En pocas palabras, los viajes que realiza el Papa se pueden considerar una continuación de la obra de Cristo en medio de los hombres, de toda raza, lengua, pueblo o nación.

Antes de continuar, para quienes no sepan dónde se encuentra Benín (como a mí me ocurría), les dejo un pequeño mapa:

El pasado fin de semana, nuestro querido Benedicto XVI ha realizado un viaje apostólico a Benin. A continuación trataré de sintetizar las actividades más importantes que realizó el Papa en su misión por el país africano.

Viernes 18 de noviembre de 2011

9:00: Salida desde el aeropuerto de Roma Fiumicino hacia Cotonú.

15:00: Ceremonia de bienvenida en el aeropuerto internacional “Card. Bernardin Gantin” de Cotonú [Discurso del Santo Padre]

16:30: Visita a la Catedral de Cotonú [Discurso del Santo Padre]

Sábado 19 de noviembre de 2011

7:30: Santa Misa en privado en la Capilla de la Nunciatura Apostólica de Cotonú

9:00: Encuentro con los miembros del Gobierno, los representantes de las Instituciones de la República, el Cuerpo Diplomático y los representantes de las principales religiones en el Palacio presidencial de Cotonú [Discurso del Santo Padre]

9:50: Visita de cortesía al Presidente de la República en el Palacio presidencial de Cotonú.

En Ouidah:

11:15: Visita a la tumba del Card. Bernardin Gantin en la capilla del seminario de San Gall de Ouidah

Encuentro con los sacerdotes, los religiosos, las religiosas, los seminaristas y los laicos en el patio del seminario de San Gall, en Ouidah [Discurso del Santo Padre]

12:15: Visita a la Basílica de la Inmaculada Concepción de María de Ouidah y firma de la Exhortación Apostólica Post-Sinodal [Discurso del Santo Padre]

En Cotonú

17:00: Visita al Foyer “Paz y alegría” de las Misioneras de la Caridad en la parroquia Santa Rita de Cotonú

Encuentro con los niños en la parroquia Santa Rita de Cotonú [Discurso del Santo Padre]

18:45: Encuentro con los obispos de Benín en la Nunciatura apostólica de Cotonú [Discurso del Santo Padre]

19:30: Cena con los obispos de Benín y con el séquito papal en la Nunciatura Apostólica de Cotonú

Domingo 20 de noviembre de 2011

9:00: Santa Misa en el “Stade de l’amitié” de Cotonú [Homilía del Santo Padre]

Entrega de la Exhortación Apostólica Post-Sinodal a los obispos de África [Palabras del Santo Padre]

Rezo del Angelus Domini [Palabras del Santo Padre]

12:15: Comida con los miembros del Consejo especial para África de la Secretaría general del Sínodo de los Obispos y con el séquito papal en la Nunciatura Apostólica de Cotonú

16: 00: Ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional “Card. Bernardin Gantin” de Cotonú [Discurso del Santo Padre]

16:30: Salida en avión desde el aeropuerto internacional “Card. Bernardin Gantin” de Cotonú hacia Roma

22:00: llegada al aeropuerto de Roma Ciampino

Una esperanza que no defrauda

El Papa Benedicto XVI saludó ayer desde la ventana de su estudio a los numerosos peregrinos que se reunieron con él en la Plaza de San Pedro para el tradicional rezo dominical de la oración del Ángelus. En la reflexión que dirigió el Santo Padre a los presentes comentó las lecturas de la Misa dominical y se detuvo en la parábola de las diez vírgenes.

Continuó el Pontífice la reflexión sobre la vida eterna que comenzó en la conmemoración de todos los fieles difuntos. Y a propósito de la segunda lectura de ayer, de la carta a los tesalonicenses: “No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza”, el Papa dijo: “La fe en la muerte y la resurrección de Jesucristo marca, también en este campo, un antes y un después decisivo. También san Pablo recuerda a los cristianos de Éfeso que, antes de acoger la Buena Noticia, estaban en el mundo sin esperanza y sin Dios (Ef 2,12)”.

El aceite, que permite que las chicas de la parábola que lo conservaban puedan entrar al banquete y cuya ausencia priva a las otras de la entrada, representa al amor. “Verdadera sabiduría es aprovechar la vida mortal para realizar obras de misericordia, porque, tras la muerte, eso ya no será posible”, dijo Benedicto XVI. El juicio final se basará en el amor practicado en nuestra vida terrena.

Descarga aquí las palabras del Santo Padre

Palabras del Papa Benedicto XVI con motivo de la oración del Ángelus en la Plaza de San Pedro, en la solemnidad de Todos los Santos

 

Catequesis del Santo Padre en la Audiencia General del día 2 de noviembre de 2011, conmemoración de todos los fieles difuntos

Predicar de un modo nuevo

Desde la ventana de su estudio del Palacio Apostólico, Benedicto XVI se dirigió a la multitud congregada en la Plaza de San Pedro como cada domingo, con motivo del rezo del Ángelus. En la Eucaristía previa que había celebrado en la Basílica Vaticana el Pontífice había anunciado que se disponía a convocar un especial “año de la fe” con motivo del 50 aniversario del Concilio Vaticano II.

El Papa dijo en su intervención: “Considero que, transcurrido medio siglo de la apertura del Concilio, ligada a la feliz memoria del Beato Juan XXIII, sea oportuno recordar la belleza y la centralidad de la fe, la exigencia de reforzarla y profundizarla a nivel personal y comunitario, y hacerlo en perspectiva no tanto celebrativa, sino más bien misionera, en la perspectiva, justamente, de la misión ad gentes y de la nueva evangelización”.

Parafraseando la segunda lectura proclamada el domingo, de la carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses, Benedicto XVI animó a los presentes: “a identificarse cada día más con Jesucristo, para que, fieles a los compromisos bautismales y con la fuerza del Espíritu Santo, lleven por doquier la Buena Noticia del Evangelio, con una fe activa, una esperanza firme y una caridad ardiente”. Muchos de los peregrinos congregados habían participado en el Congreso de la Nueva Evangelización que se ha celebrado en Roma la pasada semana.

Puedes descargar el discurso del Santo Padre haciendo clic aquí.

Puedes descargarte las cuatro intervenciones del Santo Padre, haciendo clic sobre ellas:

- Homilía durante la Santa Misa en Lamezia Terme.

- Palabras con motivo del rezo del Ángelus.

- Saludo a los habitantes de Serra San Bruno.

- Discurso de Benedicto XVI durante el rezo de Vísperas en la cartuja de San Bruno.

El pasado domingo, 11 de septiembre, el Papa Benedicto XVI visitó la ciudad italiana de Ancona para clausurar el XXV Congreso Eucarístico Nacional de Italia. A las 10 de la mañana, en el área del astillero naval, el Santo Padre presidió la concelebración eucarística de clausura del Congreso, en la que pronunció una preciosa homilía, que puedes descargar haciendo clic aquí. Al finalizar la Santa Misa, el Pontífice dirigió también a los fieles una breve alocución con motivo del rezo del ángelus. Después de la celebración, Benedicto XVI aprovechó para almorzar con un grupo de trabajadores en paro. Por la tarde, tuvo un encuentro con familias y sacerdotes en la Catedral de San Ciriaco (descargala aquí). Y posteriormente, en la plaza del Plebiscito, se encontró también con miles de parejas de novios que se preparan para la recepción del sacramento del matrimonio. A ellos también les dirigió unas palabras que os ofrecemos aquí.